Entrevista a Lucía C. Pérez Moreno, coordinadora del proyecto MuWo

«Reflexionar sobre el género no es negativo, sino inclusivo»

DOBLES PAREJAS

– entrevista a Lucía C. Pérez Moreno, por Marian Navarcorena.

El Periódico de Aragón. 28/11/2019

 

Doctora en arquitectura y profesora en la Universidad de Zaragoza. Dirige los encuentros sobre Perspectiva de Género en la Arquitectura, que desde hace tres años organiza en noviembre el Colegio de Arquitectos, UNIZAR e Ibercaja. 

— ¿Qué es la perspectiva de género en la arquitectura?

— A lo largo de la historia, se ha razonado sobre arquitectura de una manera neutra, pero al final, dado que prácticamente todos los que han ejercido esta profesión hasta los años 80 han sido hombres, las decisiones se han tomado desde un punto de vista masculino. Ahora, lo que se hace es intentar entender que las personas no somos neutras, que somos hombres y mujeres que, a su vez, tenemos diferentes tipos de vida, diferentes movilidades en la ciudad y diferentes requisitos. En este contexto, incorporar la perspectiva de género es hacer una ciudad para todas las personas, sin olvidar a  las más vulnerables.

Incorporar la perspectiva de género en arquitectura es, en el fondo, un planteamiento feminista que trabaja para incluir las necesidades de aquellos que han sido invisibilizados y que, por norma general, son en gran medida mujeres.

 — Lleva tres años organizando estas jornadas, ¿cuál es el objetivo?

— Las jornadas nacieron con la intención de mostrar que la perspectiva de género en la arquitectura es mucho más compleja de lo que a priori parece. Y para hacer ver que no se trata de hablar solo de mujeres, sino de diferentes grupos de personas y colectivos. Hace falta mucha más educación para entender que reflexionar sobre el término género no es negativo, sino inclusivo. Todos y todas, incluso por nuestro tipo de trabajo o nuestra edad, formamos parte de un grupo o de un colectivo en un momento determinado de nuestra vida. Por eso, sería importante que los arquitectos y urbanistas que trabajan en la Administración pública tengan formación en género y que la ciudadanía entienda que esto es algo positivo para todos.

En el fondo, los estudios sobre igualdad, inclusión o feminismo, plantea un mismo objetivo, darnos cuenta de que todos somos vulnerables y de que todos tenemos necesidades diferentes en los diferentes momentos de nuestra vida.

— ¿Y la programación?

— Hay dos maneras fundamentales de ver la arquitectura de género. Una, como he comentado, trata de cómo afecta el diseño de la ciudad o de un edificio a los usuarios, sea hombre o mujer, esté en edad de crianza de hijos o no, sea una persona en silla de ruedas o con problemas de exclusión social.  Hablamos de cómo afecta el género junto a otras cuestiones (etnia, clase social, religión, capacitación funcional). Y de cómo tenemos que diseñar las ciudades para que sean más inclusivas. Dicho de otra manera, si queremos diseñar ciudades más inclusivas estaremos incorporando la perspectiva de género.

Este año, una de las conferencias ha versado sobre la arquitectura hospitalaria de maternidades, un tipo de edificios destinados a un momento muy determinado de la vida, como es el de dar a luz. Marta Parra y su socia Angela Müller se dieron cuenta, por su propia experiencia, que el diseño de muchos hospitales no favorece el que las futuras madres estén en una situación de relax y tranquilidad, sino que el ambiente les genera estrés, y esto había que evitarlo.

Y la otra manera de introducir la perspectiva de género es cuando situamos el género en la persona que ejerce la profesión. Hablamos de revisiones históricas, de recuperar el trabajo de muchas arquitectas olvidadas. Yo misma dirijo un proyecto de investigación de I+d del gobierno de España de recuperación de arquitectas españolas. Estamos trabajando desde el periodo de la transición, que es cuando empezaron a ejercer las primeras arquitectas, hasta finales del siglo XX.

Actualmente hay mayoría femenina estudiando arquitectura, aunque ejerciendo es otra cuestión, porque a pesar de que llevamos tres décadas con paridad en las aulas, vemos cómo el abandono femenino es mayor que el masculino y también que a nivel sociocultural se visibiliza mucho más el trabajo realizado por hombres que el de mujeres. Por ello traemos a las jornadas a arquitectas relevantes. Este año ha sido Carme Pinos, autora en Zaragoza del CaixaFórum. Es muy importante para los alumnos y las alumnas ver referentes femeninos.

–¿Cómo se ha incluido el parámetro de la mujer a la hora de hacer ciudad?

— Hay cuestiones genéricas que tienen que ver con todas las mujeres. Por ejemplo, la seguridad. Las mujeres sufren más agresiones que los hombres. Hay que analizar zonas en las ciudades en las que por alguna razón –por la iluminación, la falta de servicios o la falta de gente a determinadas horas– puede llevar a que una persona vulnerable, que también puede ser un invidente o un menor, hombre o mujer, pueda sufrir algún tipo de agresión.

También hay cuestiones que dependen de momentos vitales. Por ejemplo, la ubicación de las guarderías, colegios, centros de tiempo libre o residencias de ancianos relacionados con el cuidado de menores y mayores, con respecto a los lugares de trabajo o las viviendas. Para, primero, evitar coger el coche y evitar así contaminar. Y, segundo, para que en los desplazamientos se pierda el menor tiempo posible. Tiene que haber una colocación estratégica en la ciudad de todos estos servicios ligados a los cuidados, que normalmente utilizan más  las mujeres, en conjunción con la vivienda y el trabajo, de manera que se pueda conciliar mejor.

 — El Gobierno vasco prepara un decreto para viviendas con perspectiva de género que ha creado cierta polémica.

–Es para vivienda social e incluye, por ejemplo, cocinas integradas en el salón. Hay que tener en cuenta que el modelo lo hemos heredado del franquismo. En aquella época, hablamos de los años 40 o 50, cuando se comenzó con toda la normativa de la vivienda social, había una segregación espacial muy fuerte de las diferentes zonas de la vivienda, también porque la visión de la familia de la época era muy sesgada por género. Las mujeres, por lo general, no trabajaban, y la cocina estaba completamente separada del salón. Con el paso de los años, ha habido una cierta tradición a mantener esa separación, reforzada con normativas de acústica, olores, etcétera. Esta normativa vasca quiere cuestionar esta tradición y también quiere evitar que la mujer, que normalmente suele ser la que se encarga de las tareas domésticas, se quede aislada en la cocina, y que ese espacio de convivencia sea lo más plural posible.

— ¿Existe alguna ciudad ejemplo de inclusión?

— En general, las ciudades mediterráneas parten con mucha ventaja con respecto a por ejemplo ciudades de EEUU. He vivido en Nueva York y en Denver y son ciudades diferentes pero tienen en común que están más pensadas para el coche que para las personas. Nuestras ciudades, con sus centros medievales de escala más controlada, son más inclusivas. Sin embargo, con la expansión han surgido barrios residenciales con un urbanismo de grandes escalas, ciudades dormitorio en las que el coche prima. Y ese es el tipo de ciudades a los que no hay que evolucionar. Hay que evitar los barrios residenciales diseñados desde la prioridad  del coche. A menudo, las personas que no conducen acaban encontrándose aisladas en su propio barrio.

Entrevista a Lucía C. Pérez-Moreno